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Doradas, crujientes y alargadas, las papitas fritas son la comida por excelencia que gusta a todo el mundo, y lo mejol de lo mejol es que son demasiado fácil y barato hacerlas. Pero si queremos probar alternativas más nutritivas sin recurrir a la fritura, los palitos crujientes de polenta merecen una oportunidad.

Tradicionalmente se preparan con las sobras de la polenta enfriada y frita, pero al horno también queda estupenda. Solo hay que recordar que este ingrediente, por sí solo, es muy soso, así que conviene añadir a la sémola una buena cantidad de aderezos, especias o hierbas, y un toque de queso siempre es muy agradecido.

Ingredientes

Para 6 personas (No lo sé rick)

  • Polenta (no instantánea) 250 g
  • Agua o caldo 1 L
  • Sal 2 cucharaditas
  • Aceite de oliva virgen extra 30 ml
  • Pimienta negra molida
  • Ajo granulado
  • Hierbas provenzales (orégano, romero, tomillo, albahaca…)
  • Queso Parmesano o similar al gusto (opcional)

Preparación

Dificultad: Fácil

  • Tiempo total 1 h 10 m
  • Elaboración 10 m
  • Cocción 1 h
  • Reposo 45 m

Preparar una fuente o bandeja rectangular de unos 40×25 cm (aproximadamente) engrasándola o cubriéndola con papel sulfurizado antiadherente. Calentar en una cazuela u olla de fondo grueso el agua o caldo con la sal y un chorrito de aceite de oliva.

Seguir las instrucciones del paquete o proceder como se describe a continuación. Cuando rompa a hervir, agregar la polenta poco a poco removiendo con unas varillas. Aderezar con pimienta negra, ajo granulado y unas hierbas secas al gusto. Bajar el fuego y mantener la cocción suavemente, removiendo, hasta que espese y la polenta se despegue de las paredes.

Echar en el molde para dejar la polenta con un grosor de un dedo, aproximadamente, igualando la superficie con una espátula. Dejar enfriar hasta que se solidifique. Precalentar mientras el horno a 200º C.

Extraer la polenta fría del molde, llevar a una tabla de cocina y cortar en palitos del tamaño que se desee. Si los cortamos muy pequeños pueden ser más difíciles de manejar. Usar un buen cuchillo afilado, limpiándolo con papel de cocina y engrasándolo con un poco de aceite tras cada corte.

Llevar los palitos a una bandeja grande, pintar con más aceite de oliva y añadir un poco de queso rallado fino, o más hierbas, ajo o pimienta, y una pizca más de sal. Hornear hasta que estén bien dorados, unos 20 minutos. Para que se tuesten mejor, girarlos con unas pinzas pasados 15 minutos.

Con qué acompañar los palitos de polenta

Lo mejor es servir una fuente de palitos de polenta al horno con una selección de salsas para ir mojando, preferiblemente caseras. Las de tomate son ricas, pero en realidad podemos experimentar con las que más nos gusten, incluyendo hummus, guacamole o salsas más ligeras de yogur. Como picoteo o acompañando a hamburguesas o recetas de pescado, son un tipo de comida muy versátil. Si se guardan en un recipiente hermético podemos conservarlas tres o cuatro días en la nevera; para recalentarlas podemos usar el horno o pasarlas vuelta y vuelta por la sartén.